La “píldora del día siguiente” es el nombre que recibe coloquialmente la Anticoncepción Oral de Emergencia (AOE). Este método de anticoncepción en el cual se toman fármacos después de la relación sexual está siendo cuestionado debido a sus posibles fallas y que en, en lugar de impedir en todos los casos la concepción, producen también abortos debido a un TERCER EFECTO, es decir, impedir la implantación del recién concebido en el útero de su madre.

Por ejemplo, según los laboratorios Gedeon Richter, que fabrica para Perú y Estados Unidos el Levonorgestrel 0,75 mg., así como la Food and Drug Administrarion (FDA), considera que este fármaco opera con tres mecanismos:
Primer mecanismo: Impedir o retrasar la ovulación,
Segundo mecanismo: Puede alterar el moco cervical para impedir la fecundación o concepción,
Tercer mecanismo: Si ya hubo fecundación, puede evitar que un óvulo fecundado, es decir, un nuevo ser humano, se implante en el útero, destruyéndose.
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Hace un par de semanas contesté algunas preguntas de radio Cutivalú sobre la controvertida píldora del día siguiente. A la inquisición final -"¿es o no es entonces, científicamente hablando, abortiva esa píldora?-, respondí que no podía negar que lo fuera, ni asegurarlo tampoco.
No en ese momento, en que la Señora Ministra de Salud revelaba la reciente aparición de 'diversos documentos y publicaciones que sustentan fehacientemente que los AOE (anticonceptivos orales de emergencia) no tienen efecto sobre el proceso de implantación del óvulo en el útero.' (1) Cosa que muy bien podría ser cierta, cambiando el lapsus de 'óvulo' por 'blastocisto', pero que sonaba a novedad. Porque hasta ahora se le había siempre públicamente asignado al Levonorgestrel, el actual AOE, tres efectos anticonceptivos: evitar la ovulación, aumentar la consistencia del moco cervical para retardar el ascenso de los espermatozoides, impedir la anidación del embrión primitivo en el endometrio uterino.

Este último efecto muestra, nítidamente, cómo se induce el aborto de una vida humana. Porque, dicho sencillamente con palabras de la misma Dra. Mazzetti, 'a partir del momento en que el óvulo se une con el espermatozoide y los dos pequeños núcleos se juntan en uno solo (…) comienza la vida.' (1) Entonces, y no cinco a nueve días después, cuando anida el embrión, como opinan algunos, sin fundamento suficiente a mi modo de entender.

Pero en la ciencia no hay dogmas, no basta que personas o instituciones importantes digan que 'en la actualidad se sabe que los primeros dos mecanismos son válidos y el tercero no; no ocurre' (1), o que 'no hay demostración científica y evidencia de que existan esos efectos, principalmente antiimplantatorios' (2). Hace falta que muestren sus fuentes concretas, cuáles son los diversos documentos y publicaciones mencionados, para poder conocer los trabajos de investigación en que esos asertos se basan, para verificar su seriedad científica.

No convence, parece poco serio, que la Ministra diga que 'no hay un efecto de este producto sobre la superficie del útero' porque 'a un grupo de mujeres -¿15?- se les administró placebo durante un mes y el AOE el mes siguiente; se tomó una biopsia del útero en ambos casos, y al compararlas no se encontró ningún cambio o diferencia.' (1) No convencería a científico alguno, comenzando por Alberto Magno (1200-1280), precursor medieval de la ciencia moderna.